martes, 26 de mayo de 2015

¿Unas galletitas?

Acabo de devorar dos paquetes de galletas rellenas de chocolate en menos de un minuto. Con pena debo decir que la satisfacción de saciar mi antojo de dulce luego del almuerzo está durando poco. Ya imagino la cantidad de agua que tendré que tomar para eliminar el azúcar ingerido antes de que se convierta en grasa.
A mi mente viene la imagen de un saco gris que vestiré en el noticiero y apenas me queda. Si subo medio kilo no me va a entrar. Me angustio y se asoman las ganas de comerme otra galletita. Ya saben, para aplacar la ansiedad.




No escupas al cielo

Mi prima Mónica siempre fue la número uno en el colegio. No sorprendió cuando entró como jugando a la Universidad más cara del país a estudiar Economía. En esa época, el examen de admisión era un trauma existencial. La bromeaba diciéndole que ella iba a mantener a toda la familia y que nosotros -sus 12 primos- no tendríamos que preocuparnos por estudiar.
Su habilidad con los números y capacidad de comprensión lectora contrastaba con sus hábitos y manías. Vivía sola y creo que nunca la vi cocinar, tender la cama, limpiar los baños o botar la basura. Contrataba a alguien que lo hiciera. Mónica siempre fue amiguera, de fácil sonrisa y sobre todo muy relajada. No recuerdo haberla visto llorar por algún problema, menos aun sufrir como una Magdalena por un amor imposible. Hasta que se convirtió en madre.


La sonrisa de mamá

Estoy camino a la casa de mi mamá. Fabio me mira por el retrovisor mientras manejo y cuando cruzamos miradas le sonrío. Noto que mis ojos están cansados y pienso que pasa otro fin de semana casi sin haberlo sentido. Siempre me faltan horas de sueño. Ahora son anécdotas esos sábados y domingos en los que me despertaba a las tres de la tarde de frente para almorzar. Ahora, salto de la cama al escuchar el primer «¿mamá?» del día.
Toco el claxon y a la puerta sale corriendo la abuela con un babero gigante a ver a su nieto mayor. Me encanta que mi hijo me haya quitado el protagonismo en la familia. Luego de los miles de besos y halagos, mi mamá voltea por fin a saludarme. Con cara de compasión me ofrece su cama para descansar un rato.


miércoles, 22 de abril de 2015

No lo hagas por los niños


La última vez que nos vimos me contó que estaba separándose de su mujer. Nos encontramos en una de esas grabaciones interminables del canal, en las que participan perro, pericote y gato. En un rincón del estudio se agarraba las manos mientras reflexionaba sobre lo importante que eran sus hijos. Por ellos, decía, no se iba de la casa. Le recordé que para todos los padres los hijos son lo primero, pero quedarse viviendo una mentira no era lo mejor. 

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